Ni mucho menos hemos llegado al fin del mundo en ese embarque con Prometeus por los mares procelosos de Internet. El abandono, voluntario o forzado, de los soportes tradicionales de los medios de comunicación está basado, en buena medida, en la ilegitimidad del mensajero: en Internet todo es posible. No, porque en Internet también están las mafias, las conductas no recomendables, las autopistas de la criminalidad, la autovía infinita de la mentira... Y a la vuelta de la esquina, con la velocidad que imprime el avance constante del medio, el mejor sistema para sustituir al hombre y su pensamiento. ¿Una máquina?. Imposible, porque no sabe llorar cuando pierde su gran batalla: el derecho de autor. ANXO LANDOI.
sábado, 25 de abril de 2009
LA VIRTUALIDAD.
Desde Prometeus a Internet hay un largo trecho y, sobre todo, conceptos encontrados. Partiendo de que el hombre no es Dios (sea éste cualquiera de los muchos que "circulan" por la vida de las personas) tal vez es el camino para concluir que Internet es otro dios está errado. Porque las comunicaciones, para ser tales, han de tener un fiador. Y éste es el hombre-no-dios, el hombre no infalible (Dios es infalible en cualquier religión). Y como hombre, cualquier cosa que elabore, moldee, escriba, diseñe, etc., está sometido al posible error (humano) en cualquier soporte. Pero más, en Internet. Porque tú lo dices en la radio, en la tv., en un periódico o revista y lo firmas, te responsabilizas de lo que dices. Internet es el mundo de lo virtual, de la simulación, del velo que todo lo cubre aunque cada vez seamos más los que de él (ella, en este caso) dependemos como vehículo para llegar a donde nos proponemos. Internet es, sí, quien fagocita todo cuanto se elabora en la cocina de la mente humana y abre expectativas a sus usuarios para modificar incluso el mensaje. Internet debe ser usado, por tanto, con cuidado. Y, particularmente, para quienes como nosotros, dependemos de la credibilidad.
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